martes, 18 de septiembre de 2012

Susurros al cristal

Me miro al espejo y no me gusta lo que veo. No soy yo, y el reflejo no me muestra quien soy porque, simplemente, no soy, no estoy, y sólo veo sombras y restos de quien un día quería luchar contra el mundo para ser feliz.

Le hablo a esos ojos tristes, a esa boca que no sonríe, a esas ojeras, al ceño fruncido, a esa piel apagada. Le hablo y le digo que no se preocupe, que sea fuerte, que no busque una razón porque, simplemente, no la hay. Le hablo y le digo que algún día, y sin necesidad de nadie, volverá a ser quien fue, con las mismas ganas, las mismas fuerzas, las mismas virtudes y, por supuesto, los mismos defectos; pero curtido con el dolor de la experiencia.


Hay momentos en los que logro no sentir nada malo, ni sentir nada bueno. Simplemente salgo de mi propio cuerpo, mi alma se va a algún lugar que aún no conozco, y mi cuerpo se queda inerte y mi mente pensante, sumergida en un mundo de cincuenta sombras. No puedo olvidar que tengo que buscar una salida. Y cuando decido volver a mi cuerpo y seguir viviendo, me descubro hablándole al espejo. Buscándome.


martes, 11 de septiembre de 2012

La Diosa y Él


Ven. Acércate. Respírame. Quiero entrar en tu cuerpo y sentir el calor que desprende tu alma. Buscarme a mí mismo en una parte de tí y volver a perderme en tu cuerpo después. Invadir tu mente con mis ganas, quemar mi piel con tu lengua, abrazarte y luego abrasarte con mi mirada, que es más tuya que mía porque sólo te mira a tí.

Sentir tu aliento bajando por mi cuello al ritmo que baja mi cremallera es algo que me estremece hasta un punto que desconocía, algo que me avisa y me ataca al mismo tiempo, algo que, aunque mi mente no entiende ni concibe, sé que no podrá olvidar.
Escuchar mi corazón latir al ritmo que se desabrochan tus botones es mojarme en el aire, secarme en el mar, rozar el éxtasis, lo tabú, lo infinito; algo irreal, contradictorio, de lo que soy adicto... Y tú lo sabes.

Este viaje al que nos hemos invitado tiene retorno a la realidad, pero no importa. Cuando volvamos al lugar del que partimos también volveremos a empezar.

Ven. Acércate. Respírame.

viernes, 24 de agosto de 2012

Pero me quedé pensando que allí donde hay alguien
a quien se quiere muchísimo y donde hay alguien que
nos quiere de veras, ése sí que es el lugar más bonito
del mundo...

sábado, 18 de agosto de 2012

Me atrevo casi a jurar que eres eso que nunca esperé conseguir, lo que jamás ansié, lo que no dejé de anhelar porque no empecé en ningún tiempo semejante búsqueda. Eres eso que en mi sueños temía, lo que me desvelaba, por aquello por lo que no quería dormir, el pensamiento que borraba mis pensamientos.



Eres una contradicción con alma. Con un alma que no me pertenece, que no te pertenece siquiera a ti, a nadie. O quizá sin ella. Te contradices, me contradices, haces que me contradiga, juegas a contradecirnos y ganas, siempre ganas, sin importarte que no haya premio de consolación para mí y que ni siquiera lo haya para ti. Jamás te has dado cuenta de que no has ganado nada, que tampoco has perdido nada, no, o eso crees tú, pero ¿quién te devuelve el tiempo que usaste haciéndome creer que el mundo, a tu lado, tendría un significado que me llenase? Ni siquiera pensaste en que el significado que tú le dabas, jamás fue el que me hubiese gustado darle.



En mi habitación, hoy vacía, fría y oscura, me jurabas que era feliz, que eras feliz, y me hacías ver amor, me hacías hacerlo, dártelo. Me hacías creer que había luz, que sentía calor y que llenabas las paredes de mi mundo, pero eran sólo hologramas baratos, visiones estúpidas, imágenes absurdas, tan malas como tú, que se desvanecieron antes incluso de irte.






Y en mi aparente serenidad ante tu firme presencia, me dedicaba sólo a observar, a descubrirte, a conocerte, a saber por dónde saldrías en tu próximo ataque o a aprender de memoria el mapa de las trincheras donde te refugiabas. Sí, jugaste conmigo porque me llegaste a conocer más de lo que yo jamás imagine, llegaste al fondo y viste mi punto débil: tú.

Pero mientras, olvidaste cerrar algunas puertas. Y de lo que nunca te diste cuenta es que, desde el principio, también supe cuál era tu punto débil: yo.

lunes, 16 de julio de 2012

Demon World


Estás tan cerca y a la vez estás lejos, ¿qué hice mal?

Intenté saber comprenderte, quise saber tratarte y alegrarte. Quiero hacerte feliz cada día a tu lado, e incluso si no estuvieras a mi lado de igual modo querría tu felicidad.

Si te herí, si te molesté, si no he sabido decir una palabra, si fallé en decirla, si hice daño a tu corazón, si incumplí tu esperanza, si dudé, si no alcancé uno de tus sentimientos, si no fui fiel a tu alegría, ni no supe ahuyentar tu tristeza, si te decepcioné te pido perdón, sólo intenté amarte con todas mis fuerzas.


Si quieres olvidar, si me merezco tu perdón, si retomas la confianza en mí, sabré merecérmela.

Te pido perdón, y te lo pediré mil veces, y lucharé por ti, y e intentaré no volver a fallarte, y siempre, siempre, te amaré.

Pero si me dices no, será que no te merezco, que no quieres mi amor y que amarte fue un sueño del que ahora despierto con dolor.

O aun quizas, cuando sea tarde para todo, cuando ya no pueda mantener en marcha el reloj, entonces, entiendas que el daño fue mutuo y yo si supe olvidar y perdonar desde el primer instante, y ahora mismo lo sigo haciendo

Fuiste todo para mi

domingo, 10 de junio de 2012

Calida Arena



—¿Mi reina? —grité—. ¿Dónde estás?
—Aquí. 
Ella salió de entre las sombras que había más allá de la puerta. 
Lucía una serpiente ornamentada enroscada en el antebrazo derecho; las escamas de cobre y oro centelleaban cuando se movía.
 No llevaba nada más. 
«No —quise decirle—, sólo he venido a decirte que tengo que partir», pero cuando la vi, deslumbrante a la luz de las velas, perdí el habla. Tenía la garganta tan seca como las arenas del desierto. 
Me quedé en silencio, embriagado ante la gloria de su cuerpo, el hueco de la garganta, los pechos abundantes con grandes pezones oscuros, las curvas exuberantes de la cintura y las caderas. 
Y de pronto, sin saber cómo, la tenía entre los brazos y ella me estaba quitando la ropa. Cuando llegó a la camisa que llevaba me la agarró por los hombros y desgarró la seda hasta el ombligo, pero ya nada me importaba. Sentía la piel suave bajo los dedos, tan cálida como la arena. 

Le alzé el rostro y busqué sus labios. La boca de la mujer se abrió bajo la mía; sus pechos me llenaron las manos. Tenía la cabellera espesa y rubia con toques de rubí, olía a jazmín, y aquel sabor a sal de su piel me provocó una erección casi dolorosa. 
—Tócame —me susurró la mujer al oído.
 Pasé la mano más allá de la suave curva del vientre para buscar el dulce lugar húmedo bajo el poco vello oscuro—. Sí, así —murmuró ella mientras introducía un dedo en su interior. Dejó escapar un gemido, me arrastró hacia la cama e hizo tumbarme—. Más, más, sí, mi cielo, mi dulce caballero blanco, sí, sí, a ti, te deseo a ti. —Me guió hacia su interior y se abrazó a mi para atraerme con más fuerza—. Más —susurró—. Más, sí. 
Me rodeó con unas piernas fuertes como el acero. Sus uñas me arañaron la espalda mientras la embestía, una vez, y otra, y otra, hasta que dejó escapar un grito y arqueó la espalda contra el colchón. «Ahora mismo podría morir feliz», pensé y, al menos durante unos instantes, estuve en paz. No caí. 
Todavia sentia mi corazón latir mientras seguia abrazado a ella.
 «¿Qué estoy haciendo? —me pregunté—. Soy un simple muchacho que esta enlazado a ella.» 
Rodé hacia un lado y mee quedé tendido, contemplando el techo.  «Sólo la veo a ella. Podría asomarse un dragón a la ventana, que yo no habría visto más que sus pechos, su rostro, su sonrisa.» 
—Hay vino, bebe tú, a mi no me gusta —me susurró contra el cuello. Me pasó una mano por el torso—. ¿Tienes sed? —No. 
Se echó a un lado y se sentó en el borde de la cama. Hacía calor, pero estaba temblando. —Tienes sangre —me dijo ella—. Te he arañado.

Cuando me rozó la espalda, me estremecí como si sus dedos fueran de fuego
—Te tiemblan las manos —señaló ella—. Me parece que preferirían estar acariciándome. ¿Tanta prisa tienes en ponerte la ropa? Debes ser mas remolón cielo; Te prefiero tal como estás. En la cama, desnudos, somos nosotros de verdad, un hombre y una mujer, amantes, una sola carne, tan cercanos como pueden estar dos seres humanos. La ropa nos convierte en personas diferentes. Yo prefiero ser carne y sangre, solo tuya y tu... deberias curar ese corazón herido
Te busco y no te encuentro y me estoy cansando,
nadie me entiende, tan solo el papel que me esta escuchando.
Y tengo miedo, lloro y tiemblo apoyado sobre una almohada,
porque siento que el tiempo va mas lento y se para,
nos separa el uno del otro,
noto
que ya no podré querer con el corazón hasta juntar sus trozos.

Lo peor es no querer abrir los ojos, de verdad,
si no lo haces tu nadie podrá observa la realidad
todo esta oscuro, la luz ya no esta al final del túnel,
intento evadirme cuando mi corazón huye.
Sonrío aunque mi corazón este triste,
busco algo en algún lugar que hoy ni siquiera se si existe
me siento atado sin fuerzas para hacer nada
me paro a pensar y a ver como el tiempo se me escapa.
Mis ojos me delatan aunque intente hacerme el fuerte,
estas lagrimas son solo una pagina mas,
como muchos me pregunto, ¿ Que será lo que hice mal?
cada día que pasa, me va cubriendo mas el mar...